jueves, 25 de mayo de 2017

Suena el despertador

Suena el despertador. Ducha rápida, algo para comer y salir pitando de casa. En 5 minutos, ya en la estación. No se me olvida nada: mochila, comida, libro y el abono. ¡Para dentro! El cercanías llega en 5 minutos y me siento. Comienza el viaje de todos los días, pero siempre diferente. Caras de sueño, llorosas y animadas. Ropa de colores y ropa negra. Zapatillas, zapatos y sandalias. Libros, tablet y nada. Miradas al paisaje. Miradas al suelo. Miradas en sí. Llegamos. El tren se para. Bajo. El trabajo me llama. 



domingo, 14 de mayo de 2017

Ella y yo: siempre

Solos ella y yo. Todas las noches tenemos una cita, aunque algunos días ella no se presenta y otras solo se asoma un poquito, por vergüenza. Nos conocimos hace muchos años, de casualidad, una noche de verano mientras paseaba por un camino en la oscuridad. Me di cuenta de que algo proyectaba mi sombra, levanté la vista y ahí estaba ella. Imponente. Llena de luz. Cada noche salgo a verla. Cuando no está, leo bajo la luz de las estrellas, a ciegas. Me falta ella: sé que está pero no puedo verla. Mi luna. Mi compañera.


miércoles, 10 de mayo de 2017

Lectura nocturna

Ahí estábamos. Bajo ese manto de estrellas que nos inundaba de luz. No teníamos nada que ganar ni nada que perder. Tumbados. Mirando al cielo. Leyendo toda la información que nos daban los astros: Vía Láctea, Osa Mayor, Osa Menor… Y así pasamos la noche, perdidos en la lectura astral. Viendo cómo se movía el mundo, o cómo se desplazaba la noche. Los dos solos, disfrutando las horas de oscuridad, el silencio que nos rodeaba. No necesitábamos más. Nosotros, las estrellas… y la luna.