Recuerdo cosas. Algunas. De cuando era joven e iba al campo. De cuando era una niña y saltaba en el parque. De cuando era treinteañera e iba a trabajar. De cuando tenía cincuenta y salía a pasear. Del día que cumplí cuarenta y me hicieron una fiesta sorpresa. Del día que me jubilé, cuando rondaría los sesenta y algo. Y de que hoy he comido.
No recuerdo más.
No sé quiénes son los protagonistas de las fotos que decoran el salón. Vienen personas, caras sonrientes que me abrazan y me besan, y me cuentan. Me cuentan sus cosas. Que supongo que son también mías. Pero no las relaciono conmigo.
Tenía 8 años. Iba vestida de blanco y tomé la comunión.
Una chica me habla muy cerca. Me incomoda. Me llama abuela. No sé quién es. Pero me recuerda a alguien.
Un atardecer, en lo alto de un monte, con una rispita de chorizo en una mano y un trozo de pan en la otra.
Me aturullo. Hablan a mi alrededor. No sé qué quieren. Quiero que me dejen.
Ese día. Era otoño. Las hojas empezaban a caer de los árboles. Recuerdo aquel día. El día que dejé de recordar.
A los enfermos de Alzheimer. A sus familias. Y a sus cuidadores.
jueves, 21 de septiembre de 2017
lunes, 18 de septiembre de 2017
La nota de Hugo
Hugo salió de casa y dejó una nota a su madre:
‘Volveré pronto pero no me esperes para cenar’. Y salió por la puerta. En su
habitación, dejó una nota más larga, para quien quisiera leerla:
‘He ido a ver a María, mi compi. Me encanta. Esa
chica tiene todo lo que puedo buscar. Es todo lo que quiero. Y es a la que
quiero. Voy a verla ahora y me voy a declarar. A ver qué me dice. Si me dice
que sí, me voy a ir con ella a vivir a otra ciudad. Los dos solos. Eso
significará que me quiere y que vamos a pasar el resto de nuestras vidas
juntos. Empezaremos de cero, ella y yo. Nadie más. Y formaremos una familia. Así que si no
vengo a cenar, es que mi vida nueva ha comenzado. ¡Enhorabuena, puede que
dentro de unos años seáis abuelos!
En cambio, si vengo a cenar… bueno, si vengo a cenar, o bien pasa
de mí o bien hemos decidido que vamos paso a paso. Mi cara lo dirá todo. Así que,
por favor, no preguntéis. ¡Deseadme suerte! ¡Os quiero!’martes, 12 de septiembre de 2017
Siete décadas. Una vida
Lolo y Manolita son
amigos de toda la vida. Casi casi desde que nacieron. Lolo todavía recuerda cómo
cuando jugaban al balón prisionero en la escuela ya no le tiraba a dar. Y Manolita cómo se empezaron a ver a escondidas cuando eran unos críos. Y
los dos se acuerdan de ese momento, detrás de la iglesia, cuando, en la
oscuridad de la noche y con la luz lejana de una farola, se miraron a los ojos,
muy muy profundamente, y no saben cómo todavía, se atrevieron a besarse.
Y Lolo se acuerda
de las cosquillas que sentía en el estómago cuando esa noche se despidió de
ella, tras la esquina para que no le vieran los padres de Manolita, y salió corriendo
hacia su casa, con la emoción en la garganta. Y Manolita todavía recuerda cómo le
temblaban las rodillas cuando entró por la puerta de la cuadra, aquella noche,
con una sonrisa que no le cabía en la cara y recordando esa mirada y el tacto
de los labios de Lolo.
Y, después de esa
noche, siguieron quedando. A escondidas y a la luz del sol. Detrás
de la Iglesia y en el bar del pueblo. En la misa y en las fiestas. En el campo
y en la plaza. Arando y llevando las vacas a pastar. Y, cuando podían, se besaban, a escondidas, como aquella noche. Y notaban las mariposas en el estómago y cómo
les temblaban las rodillas.
Hoy, unas décadas
después, siguen haciendo planes. Ahora sin esconderse. Casi 70
años juntos les permiten hacer lo que les plazca. Ya no van a arar, pero salen
de paseo. Ya no se ven detrás de la iglesia, llegan juntos a la puerta. Visitan a sus nietos. Y sus nietos les visitan a
ellos. Y siguen desayunando, comiendo y cenando juntos. Y siguen viajando
juntos. Y siguen viendo la tele juntos, tapados con las mismas faldillas. Y siguen
disfrutando de las pequeñas cosas, juntos. Y es que, hace 84 años, nacieron Lolo y Manolita. Los dos en septiembre. Los dos a finales. Los dos el 28. Y, ese día, sin que lo supiera nadie, ellos ya estaban
destinados el uno para el otro.
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